El sueño en la calle Las Piraguas Todo comenzó un 15 de julio de 1922 en una modesta casona mendocina. Un grupo de jóvenes soñadores, liderados por Julio Serrano, decidió fundar un espacio que no solo fuera cuna de fútbol, sino un hogar para el desarrollo social y moral. Así nació el Luján Sport Club, adueñándose de ese terreno de 17.950 metros cuadrados que hoy el mundo del fútbol mendocino conoce como el mítico Jardín del Bajo.
El cambio de milenio trajo consigo un experimento ambicioso. En el año 2000, "El Granate" se unió a Chacras de Coria y Mayor Drummond para formar la Asociación Atlética Luján de Cuyo. La gloria estuvo a un solo paso en el Torneo Argentino A, donde el equipo llegó a acariciar el ansiado ascenso a la Primera B Nacional.
Sin embargo, el sueño rápidamente se transformó en pesadilla. Hacia 2007, el abandono de su gerenciador y una quiebra económica desataron una profunda crisis institucional. El club se vio obligado a dar la cara con los chicos de las inferiores, quienes, a pesar de su tremenda valentía, no pudieron evitar el descenso al Torneo Argentino B en 2008. El golpe de gracia llegó poco después, en 2010: una durísima sanción del Consejo Federal por deudas hundió al equipo de nuevo en la Liga Mendocina, marcando la disolución definitiva de aquella fallida asociación.
"El club había tocado fondo, perdiendo hasta su nombre, pero la identidad y la pasión de los lujaninos se negaban a desaparecer."
Como el ave fénix, el 1 de enero de 2013 la institución volvió a nacer. Recuperó su nombre original y sus amados colores granates. Con la dirección técnica de Juan Pablo Videla y el regreso de figuras históricas que jugaron por amor a la camiseta, el Luján Sport Club volvió a ser el de siempre. El lunes 14 de octubre de ese mismo año, respaldados por 3.500 almas que viajaron al Estadio Víctor Legrotaglie, vencieron a Gimnasia por 2 a 1 con un doblete de Lucas Martínez, bordando así la primera estrella de su historia en el torneo doméstico.
Con el impulso de los campeones, la temporada 2014 del Torneo del Interior se convirtió en leyenda pura. El equipo superó cada fase sin sobresaltos hasta chocar en la gran final contra Atenas de Río Cuarto.
Tras ganar 2 a 1 en la ida y caer por la mínima en la vuelta, el destino de toda una ciudad se decidió desde los doce pasos. Allí, las manos del arquero Marcos Tobar se volvieron gigantes. Al atajar dos penales, selló el heroico ascenso al Torneo Federal B. Al día siguiente, miles de hinchas salieron a las calles para recibir a sus guerreros, coronando un regreso inolvidable a los primeros planos del fútbol del interior.